martes 7 de junio de 2011

No budismo

Ya no me apetece hablar (ni leer) de budismo. Nada de discutir de Theravada o Mahayana, jhanas o suññata, o lo que sea. Ni cuatro nobles verdades, ni renacimiento. Solo me quedan mis ganas de salir del hoyo (unos días más presentes, otros días más difusas).

Toca experimentar y ver cómo quiero vivir mi vida, qué quiero y qué no quiero, y encontrar ese referente por mi cuenta, olvidándome de lo que dijo aquel indio tan majo de hace 2500 años (y todos los que han venido después).

Necesito entender qué me hace sufrir en mis términos, y no en los de otro. Necesito independizarme, salir de casa, dejar el hogar, subir a la montaña.

Quedarme solo.

Un ermitaño más, un budista menos.

martes 3 de mayo de 2011

Natalie Portman, adicción y otras historias


Me he enamorado de Natalie Portman. Bueno, de su personaje, en realidad. Pero estoy adelantando cosas.

Siempre me han gustado mucho las historias. Y si esas historias contienen a su vez historias de amor, me gustan más todavía (en el fondo soy un romántico cursilero). Y una cosa curiosa que me pasa cuando me encariño mucho con los personajes de un libro, o de una película, o de un videojuego, es que, cuando la historia se acaba, me quedo con ganas de saber más (lo de encariñarme es más fácil si hay historia de amor de por medio). Como si al irse esos personajes, se hubiese ido con ellos una parte de mí. O algo así. La verdad es que el sentimiento es bastante confuso y no es fácil de explicar. 

El caso es que produce una mezcla de melancolía y depresión que es extrañamente adictiva. Me pasó con la trilogía de libros de La Materia Oscura, con El Señor de los Anillos, con la película de Orgullo y Prejuicio...y, este fin de semana, con Natalie Portman y sus personajes en Thor y en Sin Compromiso.

Y es curioso, porque es un sentimiento que no lleva a ninguna parte. O sea, supongo que es como enamorarse de un personaje. Pero claro, el personaje solo existe en la historia (ni siquiera el actor es el personaje), y no se le puede alcanzar de ninguna manera, solo fantaseando (incluso aunque conociese a Natalie Portman mañana, que va a ser difícil, no llenaría el vacío emocional que su personaje ha creado). Así que el sentimiento sigue, y siento que falta algo, y me entristezco y fantaseo con seguir la historia conmigo en ella, y entonces soy yo con una versión idealizada de Natalie Portman, o quien toque, o cosas de ese tipo. Pero no quiero dejar de sentirme así: a pesar de que es una sensación agridulce, hay algo en mí que quiere seguir con ello. Vamos, que soy un yonqui. 

Hoy me sentaba a meditar y, al concentrarme, mi mente dejaba de pensar en estas cosas, ¡pero había una parte de mí que se resistía a concentrarse porque quería seguir dándole vueltas!

Y, después de un tiempo (al principio fueron meses, luego semanas, y ahora son un par de días), el sentimiento se va, como todos los demás, y lo echo de menos. Luego pasa más tiempo, y sigo con mi vida, meditando y apreciando cada momento. Hasta que vuelvo a engancharme con algo así. Supongo que, con el tiempo, aprenderé a soltar este tipo de sentimientos al momento, o a no hacerles caso (aunque la perspectiva de hacerlo no me acaba de gustar del todo, como adicto que soy), pero, hoy por hoy, caigo como un tonto. Es que Natalie es muy guapa, leña.

PD: por cierto, las dos pelis que he nombrado de Natalie están chulas (nada del otro mundo, pero chulas), aunque quizás no soy objetivo...

miércoles 27 de abril de 2011

A trabajar

Hoy ha venido Ajahn Abhinando a la clase de meditación, y ha hablado de bastantes cosas. Pero me ha recordado una en particular que me apetece comentar por aquí: el camino que lleva al fin del sufrimiento no sirve si solo lo entendemos intelectualmente, sino que tenemos que experimentarlo, que practicarlo. Si no fuese así, todo el mundo que leyese las enseñanzas del Buda dejaría de sufrir. El camino lleva implícito un trabajo, y si no curramos no hay premio.

Así que hale, ¡a currar! (o a laburar, como dice el amigo Hernán)

jueves 31 de marzo de 2011

Atención en el momento presente

Estaba yo volviendo de kárate, feliz de haber estado centrado durante la clase, de no haberme puesto a opinar locamente, de haber sido prudente al hablar y al actuar. De disfrutar el camino de vuelta a casa sin nada más en la cabeza (y lo que venía se iba pronto). ¡Cuánta atención! ¡Cuánta serenidad!

Estaba yo así, y de repente me di cuenta de que me había dejado la mochila en el gimnasio. Toma atención.

Como dice mi madre: "Vuelve a por otra". En fin, cosas que pasan.

miércoles 23 de febrero de 2011

Buscando fuera

"Estos dos extremos, oh monjes, no deberían ser seguidos por un renunciante. ¿Cuales son éstos dos? Complacencia en los placeres sensuales, esto es bajo, vulgar, ordinario, innoble y sin beneficio; y adicción a la mortificación, esto es doloroso, innoble y sin beneficio. " (Gotama, SN 56.11)

Una de las primeras cosas que uno tiene claro cuando se mete en algo "espiritual" (pero qué poco me gusta esa palabra), es que la felicidad, si existe, debe buscarse dentro de uno mismo, y nunca fuera. Es a eso a lo que se refiere Gotama cuando dice "complacerse en los placerese sensuales". Los placeres externos son inconstantes, finitos, no satisfactorios...esta es la retahíla que repite todo buen budista desde el día en que empieza a meditar.

Así que podéis imaginar que yo, llevando ya mis 4 añitos de práctica, tendría muy asumido que la felicidad sólo vale si viene de dentro. Pero parece que no es así. Ayer estuve viéndome capítulos de la serie de animación de Superman, que está muy chula, y me acosté pensando en la cantidad de cómics que quería leer de Superman, que si tal o cual aventura...Cuando me he puesto a meditar esta mañana, mi mente no dejaba de pensar en eso mismo. Tanto, que al final de la sentada quería levantarme a buscar cosas, a bajar cómics, etc.

O sea que nada de asumido. Todavía hay muchas cosas que trabajar...el problema es que con Internet a mano, ¡va a serme difícil controlar mis ansias! Fuera de bromas, no me tengo que dormir en los laureles y creer que ya voy muy avanzado (descuidando el mensaje más básico de la enseñanza), porque me pueden pasar cosas como esta.




domingo 13 de febrero de 2011

Gurús y zen

Estos días hay mucho revuelo en la comunidad Zen norteamericana, debido al descubrimiento de que varios "maestros" Zen han tenido relaciones sexuales con alumnas suyas, siendo hombres casados, y presumiblemente aprovechándose del poder que ejercían sobre ellas.

En el Zen japonés, la figura del "maestro" es muy importante, hasta tal punto que mucha gente afirma que no puedes practicar Zen sin maestro (erh...culpable). Los alumnos tienen entrevistas privadas con sus maestros, que actúan como guías de su práctica, y pasan mucho tiempo juntos. En este contexto, es lógico que se genere atracción sexual y emocional, y que las cosas se desmadren un poco. Pero también es cierto que la relación maestro-alumno no es igualitaria: el maestro tiene poder sobre el alumno. Y, como en todas las relaciones de poder, la tentación de abusar de él es muy grande.

Total, que estaba yo contándole esto a mis amigos el otro día (sí, les doy la plasta sobre cosas budistas), y uno me dijo: "Joder, Pablo, pero es que eos de los gurús no es nuevo, tío". Y tiene razón. Es sólo que, en mi mundillo budista, nunca me había parado a pensarlo así. Pero este tipo de relación maestro-alumno es la que provoca la aparición de gurús. ¿Gurús en budismo? ¿Alguien más piensa que el mundo se ha vuelto loco?

El budismo trata de experimentar la "verdad" por tí mismo, no de venerar a ningún maestro. No hay más guía que el Buda, no hay más guía que la enseñanza. La gente que lleva tiempo en el camino nos ayuda y da consejos, y por eso se llaman "amigos espirituales" (kalyanamitta), pero ¿maestro? ¿Qué narices te va a enseñar un maestro de Zen? ¿Cómo va a ver en tu interior?

Y lo más "triste" de todo es que, en vez de plantearse que esto del maestro no tiene ningún sentido, los americanos no hacen más que darle vueltas a cómo controlar a estos maestros, cómo castigarles, cómo impedir que pasen más cosas de estas...Es una Iglesia Zen buscando la manera de conservarse. Qué irónico.

martes 8 de febrero de 2011

No esperar nada

Inspirando, espirando, comprendo que no hay nada que esperar, y que debo disfrutar de cada inspiración y cada espiración. Y no es disfrutar en el sentido de encontrarles belleza o ver cosas bonitas en ellas. Digo disfrutar en el sentido de experimentarlas sin esperar nada más. Inspirar y espirar sin esperar placer, sin esperar revelaciones, sin esperar iluminación. Solo inspirar y espirar.

Una vez se acaba la sentada, sigue siendo lo mismo. No esperar que me vaya bien, no esperar que me vaya mal, simplemente experimentarlo, sin aferrarme. Ecuánime. Imperturbable.