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viernes, 22 de junio de 2012

Diferencias entre zen y vipassana

Una de las preguntas típicas cuando estás en el "mundillo" budista/espiritual/como sea es cuál es la diferencia entre la meditación zen y la meditación vipassana. Y yo, la verdad, es que no se la veo.

En el zen te dicen que esa meditación te lleva a cortar a través del velo de la ilusión y descubrir la realidad última o algo así. En los libros de vipassana afirman que aprendes a ver las cosas tal cual son (y suele ir así, en cursiva, para que te quede claro). Es decir, ambos tipos de meditación están diseñados para que sueltes tus ideas sobre lo que son las cosas y empieces a observar por tí mismo qué está pasando a cada momento. Nada de ideas. Todo experiencia.

Luego, el zen te dice que a medida que profundizas, te das cuenta de que todo está vacío de esencia, que todos los seres son interdependientes, que no hay "yo". Los vipassanitas te dicen que las cosas son impermanentes, insatisfactorias y sin esencia. Y que tampoco hay "yo".

Pero vamos a ver. ¿No habíamos quedado en que se trataba de experimentar las cosas por uno mismo y dejarse de ideas? Entonces, ¿por qué me machacas con todos esos conceptos? 

La experiencia es solo eso, experiencia. Los conceptos son pegatinas que les ponemos para entender y transmitir lo que ha ocurrido en esa experiencia. Y son necesarios, claro. Es lógico que en un sistema de enseñanza existan conceptos para guiar al practicante en su odisea. Pero aferrarse al concepto lleva al dogma. Y si uno no ve que su experiencia es vacía, o que no es insatisfactoria, entonces es que está practicando mal, es que no lo está haciendo bien. Y ahí está el problema. Buscar los conceptos parece ser típico nuestro; nos cuesta no hacerlo. Pero no debemos olvidar que el zen y el vipassana (sí, los dos) pretenden que te deshagas de los conceptos y te enfrentes a la experiencia desnuda, tal y como se te presenta.

Así que no os volváis locos si un zennie o un vipassanita os llena la cabeza de conceptos que no os son familiares ni comprensibles. Simplemente meditad. Usad vuestra respiración como ancla, y aprovechad eso para mirar sin prejuicios, sin expectativas. 

¿Qué es lo que ves?

lunes, 11 de junio de 2012

Menos mierdas y más meditar

No hay nada como una buena sentada para quitarte las gilipolleces de la cabeza.

"Practicad jhana, monjes. No seáis negligentes. No caigáis más tarde en el arrepentimiento."


martes, 22 de mayo de 2012

¿Por qué meditas?

Estoy discutiendo estos días con mis dhamma-buddies una pregunta importante: ¿por qué meditamos? O más bien, ¿por qué seguimos haciéndolo?

La semana pasada estuve tres o cuatro días sin apenas meditar. Cuando me di cuenta de eso, intenté hacer una especie de experimento: ¿qué pasa si no medito ni intento mantenerme atento a lo largo del día? Y lo que pasa es que mi vida se vuelve una mierda.

No me deprimí ni nada por el estilo, pero si me di cuenta de que empecé a buscar algo que diese sentido a mi vida, algo externo. Me empecé a preocupar por los efectos de la crisis económica, pensando sobre mi futuro y angustiándome por la incertidumbre. Estuve como casi siempre, pero no era lo mismo. Me faltaba un eje, un equilibrio.

Decía Dogen que sentarse en zazen es actualizar el satori o algo así. Yo no sé si tengo (¿se dice así?) satori, lo que sí sé es que lo que fuese que hubiese aprendido durante estos casi 6 años meditando no se estaba actualizando. Y uno puede vivir de las rentas un tiempo, pero llega un momento en que se acaba.

Así que, ¿por qué medito? Porque no quiero vivir la vida que se vive sin meditar.

martes, 8 de febrero de 2011

No esperar nada

Inspirando, espirando, comprendo que no hay nada que esperar, y que debo disfrutar de cada inspiración y cada espiración. Y no es disfrutar en el sentido de encontrarles belleza o ver cosas bonitas en ellas. Digo disfrutar en el sentido de experimentarlas sin esperar nada más. Inspirar y espirar sin esperar placer, sin esperar revelaciones, sin esperar iluminación. Solo inspirar y espirar.

Una vez se acaba la sentada, sigue siendo lo mismo. No esperar que me vaya bien, no esperar que me vaya mal, simplemente experimentarlo, sin aferrarme. Ecuánime. Imperturbable. 

miércoles, 19 de enero de 2011

Un kata, un sutta

Según cuenta la leyenda, en los comienzos del karate (a principios de siglo XX), los alumnos estudiaban solamente un kata durante tres, cinco años, incluso toda su vida. Esto no significa que no supiesen los movimientos de otros katas, pero el centro de su práctica era su kata: lo escudriñaban, experimentaban con él, le sacaban los secretos, y aprendían a moverse, a defenderse, a atacar, a equilibrar la mente y el cuerpo. Su karate se desarrollaba a partir de ese kata.

En Goju Ryu apenas trabajamos unos 12 katas, que no son nada en comparación con los de otras escuelas. A mí 12 ya me parecen bastantes para sacarles el jugo, y no entiendo cómo nadie podría trabajar con más. Muchas veces me da la sensación de que las cosas que me enseña un kata están incluidas en todos.

Se dice también que Gotama daba sus discursos a gente que no le había escuchado nunca, adecuando el contenido a su comprensión y explicando la enseñanza de una manera u otra en función del oyente. Estas personas tenían que quedarse con la instrucción del Buda y, con ella, trabajar hasta la liberación del sufrimiento. Ellos no tenían Wisdom Publications, ni Access to Insight, ni Bosque Theravada, ni Pali Text Society. Nada. Solo una charla que Gotama les dio un día que pasó por su pueblo.

Se me ocurre que quizás sacaríamos más provecho de los suttas, como del karate, si en vez de intentar abarcar todas las enseñanzas, y leernos el Majjhima Nikaya, y el Digha Nikaya, y el Sanmyutta Nikaya, y el Anguttara Nikaya, y el Dhammapada también, y aprendernos los pasos de la Originación Dependiente, el Óctuple Noble Sendero, las Cinco Facultades, los Siete Factores de Iluminación, etc., nos quedásemos simplemente con uno (o dos) suttas con los que conectemos, y que entendamos que encierran la esencia de la enseñanza y que dan por sí mismos un camino para liberarse del sufrimiento. Se me ocurren el Dhammacakkappavatana, el Maggavibhanga, el Satipatthana, el Anapanasati, el Sabbasava o el Mulapariyaya, pero seguro que cada uno tiene sus favoritos. Una vez escogido, con el sutta como único guía, nos dirigiremos a las raíces de los árboles, a las moradas vacías, a practicar jhana, sin ser negligentes ni caer en el arrepentimiento, hasta que comprendamos con todas las fibras de nuestro cuerpo la esencia de la enseñanza.




lunes, 3 de enero de 2011

Las montañas son montañas

Cuando empecé a meditar y a leer sobre budismo, tenía una cosa bien clara: la causa del sufrimiento es el apego. Bueno, en realidad es tanha, el ansia, la sed, el hambre, pero el apego es solo la consecuencia natural. El fin de tanha es el fin de dukkha. Fácil: todo lo que hay que hacer es soltar tanha.

Y así, mientras leía y meditaba, aparecieron los jhanas, samatha vs vipassana, zen, theravada, paticca samuppada, etc. Los pasos de Anapanasati, los siete factores de iluminación, los cuatro marcos de referencia...Y ya no sé qué hacer.

Ayer, después de unas sentadas muy buenas en los últimos días, decidí meditar caminando (eran las 3 de la mañana y no iba a aguantar despierto si me sentaba). Y descubrí que todo lo que había leído tenía una razón de ser. Todas las enseñanzas de Gotama van dirigidas a un único punto. Aprender a soltar tanha. El fin de tanha es el fin de dukkha. ¿A qué estás esperando?

domingo, 5 de diciembre de 2010

Cómo meditar

Debido a petición popular, y a que llevo tiempo queriendo escribir esto de manera ordenada, toca un post con instrucciones para meditar, para todo aquel interesado. Va a ser largo, así que preparaos una taza de té.

Qué es meditar
Esta pregunta es difícil de responder. O quizás solo me lo parece a mí. Meditar es tantas cosas que no es sencillo explicarlo con palabras. La gente suele tener la impresión de que es "como una técnica de relajación o algo así" y, claro, también lo es. Pero es mucho más. La meditación es la herramienta que ejercita nuestra mente y la moldea para enfrentarse a la vida de otra manera. Gotama decía que todos nuestros problemas se debían a un error básico de percepción, que provocaba que tuviésemos deseos poco realistas (ojalá no me muera, ojalá no me encuentre con ningún conocido en el bus, ojalá no enferme nunca...).

Como uno no se deshace de estos deseos de la noche a la mañana, Gotama "creó" un sistema de entrenamiento al que llamó el Óctuple Noble Sendero, que trata del cultivo continuo de la mente - "bhavana" - en sentido general (ser más generoso, intentar hacer cosas buenas, esforzarse por no dejarse llevar por los sentimientos chungos, etc.), y en el cual la meditación - "samadhi" - juega un papel fundamental, siendo un entrenamiento más intensivo , en el que, a través del desarrollo de la atención y la concentración, poco a poco iremos descubriendo los entresijos de la mente y comprendiendo cómo surgen los problemas que tenemos y, finalmente, seremos capaces de liberarnos de ellos.

Aunque meditar es parte de un camino con un objetivo muy "elevado" (la liberación total del sufrimiento), esto no quiere decir que se limite a ello. La práctica de la meditación, si se hace bien, siempre es positiva, y no hace falta creerse nada de lo que dijo un indio hace 2500 años ni rezarle al Dalai Lama ni raparse el pelo ni comer patatas para practicarla. Está ahí para que todo el mundo que quiera probarla le eche un ojo.


Posturas
El primer paso para empezar a meditar es una buena postura. Uno puede meditar sentado, de pie, tumbado y caminando. De estas cuatro posturas, las más comunes son la meditación sentada y la meditación caminando.

La meditación de pie es poco cómoda porque la mayoría de la gente no puede mantenerse de pie sin moverse durante largos períodos de tiempo. No obstante, en la web de mi amigo Hugo tenéis unas buenas indicaciones sobre cómo probar con la meditación de pie.

La meditación tumbada es un rollo porque te da sueño y te concentras peor. Yo casi siempre me duermo o acabo en un estado somnoliento en el que no me entero de nada. Se puede usar cuando te duele mucho estar sentado, o cuando te vas a dormir.

La meditación caminando tiene muchas variantes, pero básicamente se trata de recorrer un camino normalmente lineal marcado previamente (en el que veas claramente el inicio y el final) y recorrerlo de un lado para otro continuamente, parándote unos segundos cada vez que cambies de sentido. En esta página del monasterio Amaravati tenéis más detalles sobre cómo practicarla*.


Meditación sentada: postura
Por último, la meditación sentada es la que más suelo practicar. Más que nada, porque ir de un lado para otro en mi pasillo es complicado durante el día (porque toda la familia lo usa para pasar de un sitio a otro) y peligroso durante la noche (porque mi familia se puede asustar al oír ruidos extraños). Lo más normal durante la meditación sentada es sentarse con las piernas cruzadas. Como la estabilidad de la postura es muy importante (si quieres meditar más de media hora,
estar balanceándote continuamente para no caerte es MUY pesado), es fundamental que las dos rodillas estén apoyadas sobre el suelo, haciendo un trípode con el culo. Como no somos planos (y no todos somos maestros de yoga), es difícil conseguir esto sin un cierto grado de elevación**. Por esto usamos cojines (muy majos los zafus, que son duros y aguantan bien la forma), pero también valen cojines normales, abrigos doblados sobre sí mismos, toallas enrolladas, almohadas dobladas, etc. Culaquier cosa que nos dé elevación y nos permita relajar las piernas y apoyar las rodillas en el suelo sin que nos duelan mucho servirá.

En cuanto a cómo cruzar las piernas, se puede hacer de varias maneras. Los más guays se sientan en loto completo, que consiste en poner los dos pies sobre el muslo de la pierna contraria (así). Los menos guays se sientan en medio loto, que (lo habéis adivinado) es así. Los pringaos, como yo y muchos otros que nos duelen las rodillas solo de pensar en el loto completo, nos sentamos en lo que llaman postura birmana (no preguntéis).

Para los que tengáis algún tipo de lesión lumbar/rotular/etc. o simplemente no queráis tiraros al cojín (aunque si no tenéis problemas médicos, os lo aconsejo, se vuelve muy cómodo con el tiempo), se pueden usar sillas (los dos pies apoyados, y la espalda erguida, a poder ser sin apoyarse en el respaldo, o apoyada en un cojín que la mantenga recta e impida que te caigas para atrás y te duermas) o los banquitos para sentarse en seiza (que es una postura japonesa muy común allí).

Una vez sentados, sea como sea, lo siguiente es estirar al máximo la espalda. Imaginaos que sale un cordel de vuestra nuca y tira de vosotros hacia arriba, como si fuéseis una marioneta. Estirad así todo lo que podáis, y luego relajad (¡pero mantened la espalda erguida!). Solo hay que mantener una leve tensión en la parte lumbar para no caeros, pero el resto de la espalda y el cuello deben estar relajados.

También se suele recomendar bajar el mentón ligeramente, para estirar bien las cervicales, pero a mí siempre se me vuelve a levantar al relajar la espalda y mantenerlo bajo forzadamente no me suele ayudar.

Las manos ponedlas como mejor os parezca. Es importante, eso sí, que estén relajadas, como el resto del cuerpo. Pero, más allá de eso, cualquier variante es válida: sobre el regazo, juntas, separadas, sobre las rodillas boca abajo, sobre las rodillas boca arriba, etc.

Los ojos podéis cerrarlos o dejarlos ligeramente entreabiertos, según os guste más. Como en todo lo demás, la idea es relajar también los párpados y la tensión alrededor de los globos oculares: a algunos se le quedarán los ojos entreabiertos, a otros se les cerrarán completamente. También podéis tenerlos abiertos y fijaros en un punto en particular del suelo a unos 2 metros de distancia, pero a mí no me gusta mucho (salvo para un rato).

Para aseguraros de que todos los detalles de la postura están bien cogidos, no está de más dedicar los primeros minutos de la sentada a comprobar que la estabilidad, la espalda, el cuello y la cabeza están en su sitio, y que todo el cuerpo, salvo las partes encargadas de mantener la postura (sobre todo la zona lumbar), esté relajado. Por ejemplo, si notáis tensión en las piernas, centraos en ellas y relajadlas. Si la tensión se debe a que el apoyo no es correcto, moveos hasta que lo sea. Y así sucesivamente, id haciendo un barrido por el cuerpo hasta que todo esté en orden. Esto ayuda a que la mente se relaje y la meditación empiece con buen pie y, además, puede constituir un ejercicio de meditación en sí mismo, si aplicáis lo que os voy a explicar después.

Al principio, la postura será un poco incómoda, sobre todo si vais a meditar más de 30 minutos seguidos, pero no deseperéis, con el tiempo se hace más fácil. Buscad combinaciones de altura de cojín, doblamiento de piernas, etc. Aunque algo de incomodidad viene bien para observar algunas cosas, no se trata de pasarlo mal ni mucho menos, así que no os hagáis los machotes si no es necesario (esto también se puede aplicar a mí, jeje).


Qué hacer
La segunda pregunta que más me hace la gente, después de "Cuéntame por encima de qué va eso del budismo, que me interesa mucho" (como quien cuenta una peli, ya sabéis), es "Y tú, ¿qué haces cuando meditas?". Una vez explicados los fundamentos de la postura, puedo decir lo que siempre respondo:

Atiendo a la inspiración. Atiendo a la espiración. Si surge un pensamiento, lo observo y lo "dejo ir". Si me distraigo, vuelvo a hacer lo de antes.

Y así sucesivamente. Pero vamos por partes: ya os he dicho que meditar consiste en desarrollar la atención y la concentración para que, poco a poco, podamos ir librándonos de nuestro sufrimiento. ¿Cómo se hace esto? El primer paso es tomar un objeto de meditación, sobre el que focalizar nuestra atención. Objetos de meditación hay muchos y variados, pero los más comunes suelen ser la respiración y el cuerpo (y la "mente", pero eso es para más adelante, creo).

Si tomamos la respiración como objeto, se trata de atender a cada inspiración y a cada espiración. Para eso, nos centramos en una sensación que nos indique que la respiración está ocurriendo, como el aire entrando y saliendo de la nariz, el pecho/barriga moviéndose, o la sensación general del cuerpo respirando. Notad cómo cambia la respiración con el tiempo, cómo cambia vuestra percepción de ella, qué pasa cuando nos centramos en ella, etc.

Si tomamos el cuerpo como objeto, podemos hacer el barrido que he comentado antes (ir repasando mentalmente todas las partes del cuerpo, notar cómo las sentimos, relajarlas...) o simplemente sentir todo el cuerpo, y observar qué pasa con él: si aparece dolor o placer, dónde surgen, cómo son esas sensaciones, etc.

Es importante recordar que solo hay que observar lo que aparece, y no juzgarlo, rechazarlo, pensar sobre ello...sólo observarlo, y ver qué pasa.

Si os distraéis (y creedme, lo haréis), simplemente volved a vuestro objeto de meditación. Recordad que no ahora no es el momento de resolver los problemas del mundo, o de recordar lo que te dijo Andrea ayer que tanto te enfadó, o pensar en qué vas a hacer de cena. No os culpéis, no le deis vueltas ni os frustréis porque no podéis mantener la atención. Pasa hasta en las mejores familias. Tampoco os frustréis si no podéis dejar de juzgaros, yo llevo meditando 4 años y, a veces, cuando me despisto, digo: "¡Mierda!" (pero solo a veces, jaja).

Si se trata de simple falta de atención, podéis "anclar" a la mente usando un mantra (como "bud-dho": decid mentalmente "bud" al inspirar y "dho" al espirar) o contar las respiraciones (1 cuando inspiras, 1 cuando espiras, 2 cuando inspiras...así hasta 6, y otra vez desde 1). También podéis cambiar de objeto de meditación.

Si la distracción es muy fuerte (un dolor fuerte o un pensamiento recurrente), y no sois capaces de soltarla, podéis tomarla como objeto, y simplemente observarlo (no os involucréis, no le deis vueltas al pensamiento que sea, simplemente observad qué pasa). Se aprende mucho del dolor haciendo esto, pero no seáis masoquistas y dejadlo si es un dolor serio. Otra cosa que podéis hacer con el dolor es focalizar la atención en otra parte del cuerpo que sea más placentera. Si no funciona, podéis iros a dar un paseo o algo.

Con el tiempo y la práctica, vuestra mente se irá calmando. Y recalco, con el tiempo y la práctica. La primera cosa que uno aprende al meditar es paciencia. Mucha paciencia. Tardaréis tiempo en ver resultados, pero no os desaniméis; como dice Javier, mi profe de kárate: "Esto es como el amor. Con los años y los hijos, llega".

A medida que vuestra habilidad para volver al objeto de meditación vaya mejorando, os daréis cuenta de que sois más capaces de "dejar ir" pensamientos obsesivos y sentimientos dolorosos. Al hacerlo, veréis qué hacen de forma natural cuando no los alimentáis continuamente. Esto os dará una idea de cómo funciona la mente, y os dará nuevas ideas y herramientas para investigarla. Además, con mayor concentración, podréis explorar las sutilezas de vuestro objeto de meditación y profundizar más en detalles que antes no veíais. La aparición de percepciones, su formación, nuestra reacción a sensaciones, etc.


Consejos
Paciencia. Paciencia. Paciencia. Mucha paciencia, de verdad. Recordad lo que decían los AC-DC: "It's a long way to the top, if you wanna rock n roll!" ("Es un largo camino hacia la cima, si quieres rock n roll"). Afortunada o desfortunadamente, no hay un camino rápido para esto: muchos de nuestros problemas tienen su origen en dinámicas y patrones mentales que están muy arraigados, así que librarnos de ellos lleva su tiempo. No obstante, creo que es el mejor método posible para hacerlo.


Cuánto meditar
Si decidís empezar a meditar de forma continuada (lo cual estaría muy bien), tendréis que pensar en la frecuencia y la duración de las sentadas/caminatas. En cuanto a la frecuencia, dependerá mucho de cómo de ocupada sea vuestra vida (no es lo mismo ser estudiante de secundaria que tener tres hijos y un trabajo de 8 a 8) y del tiempo que queráis dedicarle. Eso depende de vosotros. Con la meditación, cuanto más, mejor, pero eso no significa que tengamos que descuidar nuestras relaciones sentimentales, nuestro trabajo, o nuestra vida en general.

En cuanto a la duración, yo recomiendo que empecéis con unos 30 minutos por sentada. Si os veis cómodos y queréis meterle más caña, adelante. Pero no forzéis la máquina. También vuestra disponibilidad de tiempo influye mucho: habrá días que podáis meditar 40 minutos, otros que no tendréis ni para 10 minutos...hay que ser flexibles. No obstante, en mi experiencia, las sentadas más largas son cualitativamente distintas de las más cortas: estuve mucho tiempo meditando 30 minutos, y cuando pasé a 60, mi concentración aumentó bastante; ahora intento meditar más de 60 minutos de vez en cuando, y también se nota la diferencia. Simplemente, a la mente le lleva tiempo centrarse, así que más tiempo de sentada garantiza más concentración. Pero tampoco os frustréis si no podéis dedicar 60 minutos a sentaros. A veces estamos muy ocupados, y hay días que yo no puedo meditar. Los monjes suelen decir que es mejor sentarse 10 minutos al día, que 60 una vez a la semana, así que tened eso en mente cuando tengáis un día muy liado y solo podáis sentaros 5 minutos.

De todas maneras, sí que recomiendo que, si queréis que la meditación tenga un efecto más duradero en vuestras vidas que simplemente unos minutos de relajación, la practiquéis con cierta frecuencia. Si no diariamente, cada dos o tres días. Con menos, el progreso apenas se va a notar.

Otra cosa importante es que, como complemento a las sentadas, mantengáis ese espíritu de observación a lo largo del día: cómo reaccionáis a lo que pasa en vuestra vida, cómo cambia vuestra percepción del mundo, etc. Esto es bastante complicado, pero es tan importante como la meditación sentada (y os sirve cuando estáis liados y no podéis dedicarle tiempo a la meditación sentada).


Para terminar
He escrito esta entrada contándoos lo que creo que es mejor para alguien que quiera empezar a meditar. Sé que muchos de los que me preguntáis no sois "budistas" y no queréis el rollo religioso-espiritualoide-sectario-comecerebros. Sin embargo, como he aprendido a meditar dentro de esta tradición, todo lo que puedo enseñaros es la meditación que enseñó el Buda. Así que siento si lo que he escrito aquí no corresponde a vuestras expectativas u os parece demasiado "budista" para vuestro gusto, pero creo que no sé enfocarlo de otra manera. Tomad lo que queráis y desechad el resto.

Además, mucho de lo que hay aquí escrito sale de mi humilde experiencia de llevar solo 4 años meditando. Si queréis profundizar más o no os fiáis mucho de mí (lo cual comprendería), os dejo algunos enlaces interesantes el final de esta entrada. Si tenéis cualquier duda, no os lo penséis dos veces y preguntadme.

Si queréis otras opiniones, un buen sitio que visito a menudo es Bosque Theravada, donde amablemente responderán a vuestras dudas sobre cualquier tema. También allí encontraréis muchos textos relacionados con la meditación, que seguramente explican todo esto mucho mejor que yo.


Enlaces recomendados
An introduction to insight meditation, de la Sangha de Amaravati (inglés)
Conducting a solitary Zen practice, de Koro Kaisan Miles (inglés)
Basic breath meditation instructions, de Thanissaro Bhikkhu (inglés)
El observador, de Thanissaro Bhikkhu
Contemplando el cuerpo, de Thanissaro Bhikkhu
Vídeos sobre meditación, de Ajahn Jayasaro (inglés)
De-percepción, de Thanissaro Bhikkhu
Anapanasati Sutta, texto canónico
Satipatthana Sutta, texto canónico

* Mi amigo David me dice que os comente que también se puede meditar caminando mientras das un paseo en silencio por la ciudad, el parque, el monte, etc. Simplemente mantened el espíritu de observación mientras camináis, experimentad lo que ocurre a cada momento y no os perdáis en los pensamientos.
**Los monjes tailandeses hacen una variante de esta postura y colocan una pierna sobre la otra. Así, la estabilidad la da el gemelo apoyado sobre el suelo, y no necesitan elevación ninguna. Yo también encuentro esta postura inestable al cabo de un cierto tiempo, pero he visto que mucha gente medita bien así, así que debe ser cuestión de gustos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Tímido

Siempre he sido muy tímido. Ya, la gente me conoce ahora y no se lo cree, pero es verdad. Y los otros tímidos "superados" como yo saben cómo es. Con entrenamiento y fuerza de voluntad, me he vuelto más sociable, pero me siento incómodo cuando me quedo a solas con profesores con los que tengo una relación de media confianza, pero con los que no sé de qué hablar (¿qué es lo correcto, hablar, no hablar? etc). También rehúyo a los conocidos en el bus, porque no quiero enfrentarme a las conversaciones incómodas que sé que tendrán lugar (cuando cojo valor y me atrevo a hablar con ellos - es decir, a no fingir que no les he visto - las conversaciones son 99% incómodas). Supongo que con más entrenamiento esa incomodidad se va también, pero a eso todavía no he llegado.

Lo curioso es que asociaba esta timidez a una especie de miedo a que me hiciesen daño. Como si estas situaciones fuesen propicias a que yo quedase en ridículo y que la gente se riese de mí, o a que pensasen que soy tonto, o cosas así. Y está claro que ese miedo está ahí. Si no, decidme por qué ayer se me aceleró el corazón cuando bajé a devolverle las llaves del garaje a una vecina...Y sí, la conversación fue incómoda.

Pero no solo está eso. Hoy, meditando, me he dado cuenta de que también hay algo mucho más básico: que no me gusta la incomodidad. Y me diréis: "Joder, eso lo sé yo sin meditar". Ya. Pero yo no. El caso es que eso del rechazo a la incomodidad es una de los casos que el Buda explicita como "sufrimiento" en su primer discurso:

"Ésta, oh monjes, es la Noble Verdad del Sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, asociarse con lo indeseable es sufrimiento, separarse de lo deseable es sufrimiento, no obtener lo deseado es sufrimiento. En breve, los cinco agregados de la adherencia son sufrimiento."

Ya, ya sé lo que vais a decir. Es que el budismo parte de cosas muy obvias, o ¿qué os pensabais? Pero bueno, lo malo es que la incomodidad (y las cosas indeseables en general) siempre van a estar por aquí, y no se puede escapar de ellas por mucho que lo deseemos. Así que toca aprender a vivir con ello. Ya os iré contanto qué tal me va. A propósito de estas cosas, el maestro chino Hongzhi decía:

"Muévete por todas partes libremente, sin seguir las condiciones, sin caer en las clasificaciones. Enfrentándote a todo, suéltalo y obtén estabilidad. Permanece con esto como esto, permanece con eso como eso" *

* Hongzhi habla en lenguaje código Ch'an. Para entenderle hay que meditar. O saber chino. O las dos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El sonido del silencio

Hoy, mientras meditaba, me he dado cuenta de que había una especie de ruido dentro de mi cuerpo o mi mente o lo que fuese, un ruido que no parecía venir de niguna parte. Sonaba como cuando abres un frigorífico y oyes el ruido que hace al funcionar. Quizá solo era la sangre pasando por las arterias y las venas.

He leído que algunos meditadores utilizan lo que ellos llaman "el sonido del silencio" como objeto de meditación. Y esto a lo mejor lo era. Pero no era nada del otro mundo, y pronto me he cansado de él. O sea, realmente es como escuchar al frigorífico.

Así que he vuelto con la respiración, y he seguido haciendo lo de siempre.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sueño

Dicen que, aunque tengas sueño, tienes que seguir meditando. Si te duermes, prueba a meditar caminando, o a abrir los ojos, o a dejar de respirar un rato para despertarte.

Cuando yo me duermo, nada de eso funciona. Caminando me sigo durmiendo. Abriendo los ojos me sigo durmiendo. Dejar de respirar me espabila unos segundos, pero el sueño vuelve de nuevo, y estoy como al principio.

Así que, cuando tengo sueño, voy a dormir. Levantarte del cojín, lavarte los dientes, ir a la cama...no tiene por qué ser "no meditar". Parece fácil distinguir entre cuándo estamos meditando y cuándo no estamos meditando, pero, si practicamos siempre, entonces nunca dejamos de meditar. Sentarse es solo otra manera de meditar.

Es por eso que, aunque tengas sueño, tienes que seguir meditando.

martes, 7 de septiembre de 2010

Más retiro

Acabo de volver de una semanita de vacaciones (últimamente, vuelvo muchas veces) y como no me apetece escribir sobre el retiro (un día de estos caerá) os pongo otra anécdota divertida y hablando de guarradas, porque sé que os gusta (pero espero no herir la sensibilidad de nadie).

Durante otra sesión de preguntas y respuestas, Ajahn Abhinando leyó una pregunta que le habían hecho: "¿Cómo tratas con la tensión sexual?". Después de contarnos sus impresiones sobre el tema, nos dijo que Ajahn Chah (sí, el mismo) había tenido muchos problemas con el deseo sexual. Y por muchos me refiero a que el pobre monje tenía erecciones que le duraban horas. Y el roce de los hábitos con el cuerpo no ayudaba. Ah, el celibato.

Como un monje no puede realizar ninguna actividad para relajar la tensión sexual, Ajahn Chah fue creativo. Iba a lo más profundo de la selva, donde nadie pudiese verle y allí practicaba meditación caminando durante horas. Desnudo. Hasta que el problema se solucionaba. Si eso no es determinación, que baje Gotama y lo vea.

Supongo que para aquellos que no sepan nada de monjes budistas, esta anécdota puede resultar chocante, pero a mí me hace mucha gracia. Ver que maestros tan grandes como Ajahn Chah también pasaron sus penalidades te hace enfocar todo esto con más optimismo. Aunque, claro, yo no tengo ese problema...

lunes, 23 de agosto de 2010

Jhanas


Hace unos días decidí volver a estudiar con Gotama, así que de vuelta a los suttas. Quiero profundizar en lo que realmente dijo (o lo que queda de lo que realmente dijo) Gotama, analizar los conceptos, practicarlos, y, de alguna manera, guiarme. ¿Qué conceptos necesito para liberarme del condicionamiento? ¿Cuáles son superfluos? ¿Cómo se hace todo esto? En los suttas se encuentra una enseñanza muy detallada que puede ayudarme bastante...o pueden llenarme la cabeza de pájaros.

Iré escribiendo sobre los que voy leyendo en Bosque Theravada, por si queréis leerlo.

Coincidiendo con esta vuelta, durante las sentadas me voy a centrar en el estudio de los jhanas, estados meditativos formulados por Gotama a modo de "postes" que indican que vas por el buen camino. Las últimas sentadas han ido bastante bien en este aspecto, pero queda mucho por profundizar...

Os dejo la formulación clásica de los jhanas, que es con lo que voy a trabajar:

Y estando así, separado de la sensualidad, separado de los insanos estados mentales, él entra y permanece en el primer jhana, acompañado con el pensamiento inicial y analítico, lleno de arrobamiento y placer, nacidos de la reclusión. Y todo su cuerpo está impregnado, bañado y colmado de este arrobamiento y placer nacidos de la reclusión, de manera tal que no queda lugar alguno en todo su cuerpo, que no fuera impregnado por el arrobamiento y placer, nacidos de la reclusión.

Y otra vez, el monje, apaciguando el pensamiento inicial y analítico, logrando la calma mental y la unificación de la mente, entra y permanece en el segundo jhana. Lleno de arrobamiento y placer nacidos de la reclusión y libre del pensamiento inicial y analítico. Todo su cuerpo está impregnado, bañado y colmado de este arrobamiento y placer nacidos de la reclusión, de manera tal que no queda lugar alguno en todo su cuerpo, que no fuera impregnado por el arrobamiento y placer, nacidos de la reclusión.

Y otra vez, el monje, al extinguirse el arrobamiento, permanece ecuánime, con atención consciente y clara comprensión, sensible a la sensación del placer, del cual los Nobles declararon que “Feliz es aquel que mora en la ecuanimidad y en la atención consciente” y, de esta manera, entra y permanece en el tercer jhana. Todo su cuerpo está impregnado, bañado y colmado de este placer despojado del arrobamiento.

Y otra vez, el monje, al abandonar tanto el placer como la pena –con la anterior desaparición de las alegrías y las tristezas- entra y permanece en el cuarto jhana, el cual va más allá de los placeres y las penas, purificado con la ecuanimidad y atención consciente. Impregna su cuerpo con la pureza mental y clara conciencia de manera tal, que no queda lugar alguno en todo su cuerpo, que no fuera impregnado por esta ecuanimidad y clara conciencia.

PD: el martes me voy de retiro con Ajahn Abhinando, hasta el domingo, lo cual hace ya un año de blog...

martes, 4 de mayo de 2010

...

Inspirando, espirando, todos los pasos de Anapanasati se convierten en uno. Calmando cuerpo y mente, simplemente estoy alerta a lo que viene y se va: dolor en la espalda, picor en el brazo, pensamientos, desconcentración, tranquilidad. No hay más meditación que esta.

domingo, 21 de febrero de 2010

Vuelta a Anapanasati

Anapanasati es una de las más conocidas técnicas de meditación que encontramos en el Canon Pali. Podéis leer el discurso donde Gotama la detalla aquí.

Anapanasati está compuesta por unas 16 etapas, en las que el practicante "entrena" ciertos aspectos de la atención, siempre en torno a la respiración. Es una técnica bastante activa, porque te hace preguntarte una y otra vez sobre lo que estás haciendo, refinando la atención más y más, y decidiendo si pasas a la siguiente etapa o no. Teniendo en cuenta que llevo casi todo el último año con meditaciones mucho más "pasivas" (en las que solo tenía que prestar atención a la respiración -a veces ni siquiera eso- y observar lo que surgía en la mente), el cambio me viene muy bien.

Aunque bueno, esta es mi interpretación de la técnica. Yo animo a todo el mundo a investigar por ellos mismos qué significa cada una de las etapas (basándose en el sutta), pero muchas personas más sabias que yo han hablado de esta técnica, entre los que destacaría a Thanissaro Bhikkhu (aquí podéis escuchar sus charlas sobre el tema, en inglés) y Buddhadasa Bhikkhu, que escribió un libro sobre la técnica, llamado "Mindfulness in Breathing" (creo que está traducido al español, y aquí podéis leer un extracto).



martes, 29 de diciembre de 2009

Liberando

Liberando la mente, inspiro. Liberando la mente, espiro. (Decimosegundo paso de Anapanasati)


Fácil de decir. No tan fácil de hacer. Quizás no tan difícil.

Todo se emborrona y las opiniones dejan de estar claras. Mi mente parece una neblina donde nada se ve bien, y donde mi idea del mundo, la vida, el amor y lo demás hace tiempo que dejó de tener importancia. Y, extrañamente, se siente bien.

Claro está, esto no ocurre siempre. Por eso se llama impermanente. Creo.

martes, 22 de diciembre de 2009

Dolor y sufrimiento


Desde que empecé a practicar budismo, he hecho una distinción clara entre el dolor físico y el dolor o sufrimiento mental. El dolor físico es una algo inherente a la vida humana, y que siempre nos va a acompañar (hasta nuestra muerte, claro): todos enfermaremos, nos haremos viejos, nos dolerá el lumbago y acabaremos muertos.

El sufrimiento mental, sin embargo, no es inevitable. O eso dice el Buda (y yo me lo creo). Con mucho entrenamiento, uno puede acabar viendo las causas de ese sufrimiento y deshacerse de ellas, alcanzando el famoso "Nirvana".

Pero, a veces, esa distinción parace muy sutil. ¿Cuál es la diferencia entre el dolor corporal que sientes cuando tienes 40º de fiebre y el sentimiento de ser miserable que suele conllevar? ¿O entre el dolor de cabeza y las ganas de llorar y dejar de vivir que le acompaña a veces? Cuando enfermo, sufro mentalmente: me frustro, me siento impotente, me castigo, me quiero morir. Entonces, si la enfermedad es algo inevitable, ¿cómo podemos salir del sufrimiento asociado a ella?

He observado que, si miro atentamente cuando me duele algo, puedo llegar a distinguir claramente qué es dolor (o sensación) física, y qué es sufrimiento mental. Al distinguirlos, puedo tratar el sufrimiento como hago con el resto de emociones, y librarme de él, mientras el dolor físico persiste. Así, soy feliz a pesar de que mi cuerpo chilla de dolor. El problema de esto es que, cuando el dolor es muy fuerte, me resulta difícil concentrarme lo suficiente como para soltar el sufrimiento. Pero habrá que seguir entrenando.

En un retiro me contaron que Ajahn Maha Boowa (el de la foto), un monje tailandés que se considera que está "iluminado", se tiraba meditando durante horas y horas y horas, hasta que casi todo el cuerpo le dolía, y observaba lo qué pasaba, hasta que consiguió discernir claramente que una cosa era el cuerpo que recibía un estímulo, otra era la sensación que se generaba, y otra distinta la mente que experimentaba ese dolor. Parece un entrenamiento muy bruto, pero creo que es bastante aplicable a la vida diaria, cuando el dolor de la enfermedad nos abruma y no sabemos qué hacer.

No se me ocurre otra cosa que hacer.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El momento después

Uno de los momentos más chulos de la meditación es cuando acabas. Dejas de pensar en el tiempo, en lo que falta, en jhanas, en Nibbana, y te das cuenta de que llevas una hora sentado casi sin moverte, que el dolor de las rodillas no es para tanto, y que las manos se sienten raras cuando hace tiempo que no las mueves.

Abres los ojos y ves que ha anochecido mientras estabas meditando, y sonríes como si nada más importase en el mundo.

Luego te levantas y, tarde o temprano, vuelves a la vida normal, pero otra vez vuelves a sentarte y ahí está, de nuevo, el momento después.

Buena sentada.